Trump anunció recientemente una política que parece generosa: repartir al menos 2000 dólares a cada estadounidense. Esta noticia suena como una buena noticia, pero las dudas que plantea a continuación son igualmente agudas: ¿de dónde sale el dinero? Si este dinero cubre a más de 2 cien millones de personas, el total alcanzaría los 400 mil millones de dólares. La respuesta que da Trump es: “Los ingresos por aranceles nos generan decenas de billones de dólares cada año, la inflación está cerca de cero, el mercado de valores alcanza máximos históricos… ¡2000 dólares no es más que una nimiedad!”
Suena muy confiado, pero ¿puede esta confianza sostenerse ante un análisis riguroso?
Una realidad incómoda: el cierre del gobierno durante 41 días
Para entender por qué Trump quiere ahora repartir este “regalo”, primero hay que mirar la situación actual del gobierno de EE. UU. El cierre del gobierno durante 41 días —el más largo en la historia—. En esta situación, los empleados gubernamentales no reciben salario, hacen fila para solicitar ayudas; se cancelan vuelos, se detienen fábricas; los empleados en bases militares en el extranjero no reciben sus sueldos, Italia, Alemania y Portugal exigen “cobrar sus deudas”; el Pentágono guarda silencio, la Casa Blanca hace como si nada ocurriera.
¿Y por qué, en medio de tal caos, Trump sigue prometiendo repartir dinero? La respuesta puede ser más compleja de lo que parece.
La limitación del poder por la Corte Suprema
El punto de inflexión clave llega en el plano legal. Trump, basándose en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977(IEEPA), implementó una política global de “aranceles proporcionales”. Pero esta ley fue diseñada originalmente para responder a emergencias como guerras o ataques terroristas, y nunca se usó para herramientas fiscales a gran escala y a largo plazo. La Corte de Comercio Internacional de Nueva York ya dictaminó que esto excede los poderes. El caso fue apelado ante la Corte Suprema.
Lo que es aún más problemático es que, incluso con seis jueces en la Corte que tienden a ser republicanos, los jueces nominados por Trump, Gorsuch y Cavanaugh, han expresado dudas sobre el “poder ilimitado del presidente para imponer impuestos”. Incluso sus propios aliados no están de acuerdo, lo que coloca a Trump en una situación muy desfavorable.
La “política del distractor” con el “regalo” para contrarrestar la justicia
En este contexto, la promesa de un subsidio de 2000 dólares por parte de Trump parece tener un “propósito oculto”. Él necesita crear alguna forma de presión pública. La lógica es la siguiente: si la Corte Suprema prohíbe los aranceles, sería como cortar la supervivencia de más de 2 cien millones de estadounidenses. Esta estrategia se llama “presión pública para limitar la justicia” —usar las expectativas de la población para restringir la independencia judicial, intercambiando la promesa de subsidios por un fichaje político.
La crisis de confianza y la distracción
El cierre del gobierno ha provocado una caída drástica en la confianza pública. La gente está cada vez más descontenta, y la popularidad de Trump está bajo presión. En momentos así, anunciar grandes subsidios se convierte en una herramienta perfecta para “desviar la atención”. Aunque no resuelve realmente los problemas, puede dar una chispa de “esperanza” a las clases más bajas y, al mismo tiempo, enviar una “amenaza” a la oposición. Más aún, Trump enfatiza que “los ricos no están incluidos en los subsidios”, lo que naturalmente gana la simpatía de las clases medias y bajas —irónicamente, Trump es un multimillonario y sus empresas disfrutan de múltiples beneficios fiscales.
La lógica de poder más profunda
No te dejes engañar por la apariencia de “reparto de dinero”. La verdadera intención de Trump es construir un nuevo sistema de poder:
Primero: saltarse al Congreso para tomar decisiones fiscales, estableciendo un “poder financiero independiente del presidente”.
Segundo: usar los ingresos por aranceles para comprar apoyo popular, creando un sistema en el que el “presidente rinde cuentas directamente a los votantes”.
Tercero: aprovechar la presión pública para debilitar los controles judiciales, rompiendo el equilibrio de poderes.
Una vez completados estos tres pasos, el presidente de EE. UU. pasará de ser un “funcionario electo” a un “líder con poder de por vida”.
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La promesa de "sobres" de Trump: desde el subsidio de 2000 dólares hasta la reestructuración del poder en Estados Unidos
Trump anunció recientemente una política que parece generosa: repartir al menos 2000 dólares a cada estadounidense. Esta noticia suena como una buena noticia, pero las dudas que plantea a continuación son igualmente agudas: ¿de dónde sale el dinero? Si este dinero cubre a más de 2 cien millones de personas, el total alcanzaría los 400 mil millones de dólares. La respuesta que da Trump es: “Los ingresos por aranceles nos generan decenas de billones de dólares cada año, la inflación está cerca de cero, el mercado de valores alcanza máximos históricos… ¡2000 dólares no es más que una nimiedad!”
Suena muy confiado, pero ¿puede esta confianza sostenerse ante un análisis riguroso?
Una realidad incómoda: el cierre del gobierno durante 41 días
Para entender por qué Trump quiere ahora repartir este “regalo”, primero hay que mirar la situación actual del gobierno de EE. UU. El cierre del gobierno durante 41 días —el más largo en la historia—. En esta situación, los empleados gubernamentales no reciben salario, hacen fila para solicitar ayudas; se cancelan vuelos, se detienen fábricas; los empleados en bases militares en el extranjero no reciben sus sueldos, Italia, Alemania y Portugal exigen “cobrar sus deudas”; el Pentágono guarda silencio, la Casa Blanca hace como si nada ocurriera.
¿Y por qué, en medio de tal caos, Trump sigue prometiendo repartir dinero? La respuesta puede ser más compleja de lo que parece.
La limitación del poder por la Corte Suprema
El punto de inflexión clave llega en el plano legal. Trump, basándose en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977(IEEPA), implementó una política global de “aranceles proporcionales”. Pero esta ley fue diseñada originalmente para responder a emergencias como guerras o ataques terroristas, y nunca se usó para herramientas fiscales a gran escala y a largo plazo. La Corte de Comercio Internacional de Nueva York ya dictaminó que esto excede los poderes. El caso fue apelado ante la Corte Suprema.
Lo que es aún más problemático es que, incluso con seis jueces en la Corte que tienden a ser republicanos, los jueces nominados por Trump, Gorsuch y Cavanaugh, han expresado dudas sobre el “poder ilimitado del presidente para imponer impuestos”. Incluso sus propios aliados no están de acuerdo, lo que coloca a Trump en una situación muy desfavorable.
La “política del distractor” con el “regalo” para contrarrestar la justicia
En este contexto, la promesa de un subsidio de 2000 dólares por parte de Trump parece tener un “propósito oculto”. Él necesita crear alguna forma de presión pública. La lógica es la siguiente: si la Corte Suprema prohíbe los aranceles, sería como cortar la supervivencia de más de 2 cien millones de estadounidenses. Esta estrategia se llama “presión pública para limitar la justicia” —usar las expectativas de la población para restringir la independencia judicial, intercambiando la promesa de subsidios por un fichaje político.
La crisis de confianza y la distracción
El cierre del gobierno ha provocado una caída drástica en la confianza pública. La gente está cada vez más descontenta, y la popularidad de Trump está bajo presión. En momentos así, anunciar grandes subsidios se convierte en una herramienta perfecta para “desviar la atención”. Aunque no resuelve realmente los problemas, puede dar una chispa de “esperanza” a las clases más bajas y, al mismo tiempo, enviar una “amenaza” a la oposición. Más aún, Trump enfatiza que “los ricos no están incluidos en los subsidios”, lo que naturalmente gana la simpatía de las clases medias y bajas —irónicamente, Trump es un multimillonario y sus empresas disfrutan de múltiples beneficios fiscales.
La lógica de poder más profunda
No te dejes engañar por la apariencia de “reparto de dinero”. La verdadera intención de Trump es construir un nuevo sistema de poder:
Primero: saltarse al Congreso para tomar decisiones fiscales, estableciendo un “poder financiero independiente del presidente”.
Segundo: usar los ingresos por aranceles para comprar apoyo popular, creando un sistema en el que el “presidente rinde cuentas directamente a los votantes”.
Tercero: aprovechar la presión pública para debilitar los controles judiciales, rompiendo el equilibrio de poderes.
Una vez completados estos tres pasos, el presidente de EE. UU. pasará de ser un “funcionario electo” a un “líder con poder de por vida”.
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