Inflación y contracción: los dos fenómenos económicos que los inversores deben conocer y cómo enfrentarlos

Apertura: ¿Por qué prestar atención a la inflación y la contracción?

En los últimos dos años, la subida de precios se ha convertido en un tema de gran interés global. El Banco Central de Taiwán ha subido las tasas de interés en 5 ocasiones consecutivas, la Reserva Federal ha aumentado las tasas en 425 puntos básicos de forma agresiva, y el Banco Central Europeo no se queda atrás. La fuerza impulsora detrás de esto es la persistente alta tasa de inflación. Pero lo interesante es que no todos sufren pérdidas en medio de la inflación; algunos ven cómo su riqueza se reduce, mientras que otros logran aumentar su valor a través de la asignación de activos.

Entonces, la pregunta que debemos entender es: ¿cómo se genera exactamente la inflación? ¿Qué impacto tiene en la economía y en los mercados de inversión? Y cuando la inflación disminuye y entra en una era de contracción monetaria, ¿cómo cambian las cosas?

La esencia de la inflación: ¿exceso de emisión monetaria o escasez de bienes?

La inflación en términos simples, es una subida continua de los precios durante un período de tiempo, lo que implica que el poder adquisitivo del dinero en mano disminuye constantemente. El indicador más utilizado para medir este fenómeno es el IPC (Índice de Precios al Consumidor).

La causa fundamental de la inflación tiene una sola raíz: el volumen de dinero en circulación supera la capacidad de la economía. Demasiado dinero persiguiendo muy pocos bienes, lo que hace que los precios suban naturalmente. Pero, ¿cómo sucede esto exactamente? Podemos resumirlo en cuatro principales factores impulsores:

1. Impulso desde la demanda
Cuando los consumidores aumentan su deseo de comprar bienes, las empresas expanden su producción, invierten más y emplean más personal. Cuando las ganancias empresariales aumentan, los salarios también suben, lo que genera más consumo — formando un ciclo de retroalimentación positiva. Aunque los precios suben, el PIB también crece, y la economía prospera. Un ejemplo clásico en la historia es China a principios de los 2000: cuando el IPC subió del 0 al 5%, la tasa de crecimiento del PIB también saltó del 8% a más del 10%.

2. Impulso desde los costos
La inflación causada por el aumento en los precios de las materias primas es otra historia. Durante el conflicto Rusia-Ucrania en 2022, Europa no pudo importar petróleo y gas rusos, lo que llevó a un aumento de hasta 10 veces en los precios de la energía, y la inflación en la zona euro superó el 10% anual, alcanzando niveles históricos. El problema de esta inflación es que — en lugar de impulsar la economía — la producción total social disminuye, el PIB se contrae y las empresas enfrentan una situación de “estanflación”.

3. Emisión monetaria descontrolada
Los gobiernos que imprimen dinero sin control, han sido responsables de muchas hiperinflaciones en la historia. En Taiwán, en los años 50, para hacer frente a los déficits posteriores a la guerra, los bancos emitieron grandes cantidades de moneda, lo que llevó a que 8 millones de pesos solo valieran 1 dólar estadounidense — los precios se dispararon y la moneda colapsó por completo.

4. Expectativas autocumplidas
Cuando la gente anticipa que los precios seguirán subiendo, empieza a consumir con anticipación, exige aumentos salariales y los comerciantes suben los precios. Una vez que se forma la expectativa de inflación, se propaga como un virus, difícil de detener.

¿Subir las tasas de interés es la cura o la medicina mortal para la economía?

Cuando los precios se descontrolan al alza, la herramienta habitual del banco central es subir las tasas de interés — aumentar la tasa base. La lógica es sencilla:

Aumento de tasas → mayor costo de endeudamiento → mayor preferencia por el ahorro en lugar del consumo → reducción de la demanda del mercado → menor rotación de productos → las empresas se ven obligadas a bajar precios → inflación controlada

Los números son claros: si la tasa de interés de un préstamo sube del 1% al 5%, un préstamo de 1 millón que antes costaba 10,000 al año, ahora cuesta 50,000. ¿Quién se atreve a pedir préstamos con tanta facilidad? El dinero se encarece, el mercado se enfría y los precios naturalmente bajan.

Pero esta política también tiene costos ocultos. Cuando la demanda se reduce, las empresas dejan de contratar y empiezan a despedir empleados. La tasa de desempleo sube, el crecimiento económico se desacelera y, en ocasiones, puede desencadenar una crisis económica. Un ejemplo en 2022 en el mercado estadounidense: tras 7 subidas de tasas por parte de la Fed, el índice S&P 500 cayó un 19% y el Nasdaq un 33%. Subir las tasas frena la inflación, pero también destruye el mercado bursátil.

La otra cara de la inflación: combustible para el crecimiento económico

Aquí hay una verdad contraintuitiva: una inflación moderada en realidad es beneficiosa para la economía.

Cuando la gente espera que los bienes se vuelvan más caros, aumenta su deseo de consumir, lo que estimula la inversión empresarial y la producción de bienes, incrementando así el PIB. En contraste, la deflación (caída continua de precios) tiene el efecto opuesto.

Tomemos Japón como ejemplo: tras el estallido de la burbuja en los años 90, Japón entró en una fase de deflación. Debido a que los precios apenas subían, los consumidores preferían acumular dinero en efectivo en lugar de gastar. La demanda colapsó, el PIB cayó en negativo, y Japón entró en lo que se conoce como las “tres décadas perdidas” — la consecuencia más temible de la deflación.

Por eso, los bancos centrales en todo el mundo mantienen su objetivo de inflación en un rango razonable: en EE. UU., Europa, Reino Unido, Japón, Canadá, Australia, entre otros, el objetivo es del 2% al 3%, y en otros países suele estar entre el 2% y el 5%. Este rango busca estimular la economía sin descontrolarla.

¿Quién se beneficia de la inflación?

Las personas con deuda.

Suena contradictorio, pero tiene mucho sentido. Supón que hace 20 años tomaste un préstamo de 100,000 a una tasa de inflación del 3%. Después de 20 años, esos 100,000 en realidad valen unos 55,000, por lo que solo tienes que pagar una parte de la deuda original. Quien tiene deuda, usa la inflación para pagarla con dinero que ha perdido valor, reduciendo significativamente su carga real.

Además, estas personas pueden apalancarse para comprar activos — no solo bienes raíces, sino también acciones, oro, etc. En tiempos de alta inflación, los activos se aprecian rápidamente, mientras que la carga de la deuda se reduce, creando la era dorada de los inversores apalancados.

Por otro lado, quienes mantienen efectivo son los principales perjudicados. El dinero en mano se devalúa, su poder adquisitivo disminuye, y si no hacen una adecuada asignación de activos, su riqueza será erosionada lentamente por la inflación.

¿Cómo afecta la inflación a la bolsa? ¿Qué deben hacer los inversores?

En períodos de baja inflación, la bolsa suele subir; en períodos de alta inflación, generalmente baja.

En entornos de baja inflación, los bancos centrales mantienen políticas expansivas, fluye mucho dinero, y la inversión en acciones se incrementa, elevando los precios. En cambio, en períodos de alta inflación, los bancos centrales se ven obligados a endurecer la política monetaria, subir las tasas, y los costos de financiamiento para las empresas aumentan, lo que reduce las valoraciones de las acciones.

Pero esto no significa que en tiempos de alta inflación haya que alejarse de la bolsa. Los datos históricos revelan una oportunidad: las acciones del sector energético rinden sorprendentemente bien en estos períodos.

En 2022, el sector energético en EE. UU. tuvo una rentabilidad superior al 60%. Entre ellas, Occidental Petroleum (OXY) subió un 111%, y ExxonMobil (XOM) un 74%. ¿Por qué? Sencillo: el precio del petróleo, uno de los principales impulsores de la inflación, sube, y las empresas energéticas se benefician enormemente.

Este aprendizaje sugiere a los inversores: en entornos de alta inflación, es recomendable orientar las inversiones hacia energéticas y materias primas, en lugar de apostar ciegamente por tecnología.

Cómo ajustar la cartera ante la llegada de la contracción monetaria

Si la inflación puede devorar el poder de compra del efectivo, la contracción monetaria amenaza el crecimiento económico en sí mismo. Frente a estos extremos, los inversores deben construir una cartera diversificada y defensiva.

Aquí una comparación de activos que se desempeñan mejor en períodos de inflación y contracción:

Categoría de activo Rendimiento en inflación Rendimiento en contracción
Bienes raíces Flujos de liquidez impulsados por la inflación, aumento de precios Caída de demanda por recesión, presión a la baja en precios
Oro Relación inversa con las tasas reales, mejor en alta inflación Cuando las tasas nominales bajan, el oro se vuelve más atractivo
Acciones Diversificación a corto plazo, en largo suelen superar la inflación Caída en beneficios empresariales, presión en precios de acciones
Dólar La subida del dólar por políticas agresivas de la Fed Cuando las tasas bajan, el dólar puede debilitarse
Bonos En entornos de altas tasas, los rendimientos suben Cuando las tasas bajan, los precios de los bonos suben

Una estrategia razonable sería distribuir los fondos: 30% en acciones (para aprovechar el crecimiento), 30% en oro (para cubrir riesgos de pérdida de poder adquisitivo), 30% en dólares o bonos de alto rendimiento (para protección defensiva), y 10% en fondos flexibles. Así, se participa del crecimiento económico y se protege el capital en las turbulencias de inflación y contracción.

Perspectiva clave: los ciclos de inflación y contracción

La historia económica demuestra que: la inflación y la contracción monetaria son dos caras de la misma moneda.

Los bancos centrales elevan las tasas para frenar la inflación excesiva, pero si lo hacen en exceso, provocan una contracción. La contracción reduce el crecimiento, y los bancos centrales se ven obligados a bajar las tasas para estimular, aumentando la liquidez y haciendo que los precios vuelvan a subir — un ciclo que se repite.

Los inversores inteligentes no apuestan a una sola dirección, sino que ajustan su cartera de forma flexible en este ciclo. Cuando llega la inflación, invierten en energéticas y activos duros; cuando detectan señales de contracción, refuerzan activos defensivos y bonos. Entender la lógica de la inflación y la contracción es clave para dominar los mercados de inversión.

Resumen

La inflación surge por emisión excesiva de dinero o escasez de bienes, y los bancos centrales intentan controlarla subiendo las tasas, pero a costa de desacelerar la economía. La inflación moderada puede ser beneficiosa, pero la excesiva destruye el poder adquisitivo; la contracción, en cambio, amenaza el crecimiento económico. Los inversores deben ajustar su asignación de activos en función del entorno: en alta inflación, centrarse en energéticas y activos duros; en riesgo de contracción, fortalecer la protección defensiva. Solo así podrán mantener y aumentar su riqueza en los altibajos de la economía.

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