#稳定币市场与应用 Tras haber visto el resumen de Ethereum para 2025, tengo que decir una cosa con sinceridad: esta vez no es igual.
¿Recuerdas aquellos años en los que perseguíamos los máximos? Cada vez que surgía un nuevo concepto o aplicación, todos nos lanzábamos a seguir la tendencia, y al final nos cortaban las ganancias una y otra vez. Lo mismo pasa con las stablecoins: ¿cuántos proyectos han recaudado dinero usando el nombre de stablecoin? Pero ahora los datos están aquí: más de 3000 mil millones de dólares en suministro, 46 billones de dólares en volumen de transacciones anuales. Esto ya es una infraestructura financiera real, no solo fichas de juego.
Lo que más me alerta es precisamente esta prosperidad: Ethereum ha pasado de ser una red de prueba a convertirse en infraestructura global, con gigantes financieros tradicionales como JPMorgan y BlackRock entrando en escena. En ese momento, soy aún más cauteloso. ¿Por qué? Porque la entrada de instituciones significa una mayor diferenciación en el ecosistema. Cada vez habrá más pequeños proyectos de moda y trampas de minería que se disfrazan de Layer2.
El desarrollo de las stablecoins también lo demuestra: la seguridad y la conformidad se han convertido en la narrativa principal. Esto es algo positivo, pero también significa que hay que tener cuidado con los productos de préstamos de stablecoins que prometen "alto rendimiento" y "sin riesgo". Cuanto mayor sea el rendimiento, más hay que preguntarse por qué. Si no puedes justificarlo, mejor no tocarlo.
Después de tantas ciclos, he aprendido una cosa: la madurez de la infraestructura es una señal a largo plazo, pero los riesgos a corto plazo suelen esconderse en los detalles de la prosperidad. Los que llevan mucho tiempo en la cadena saben que lo que más dinero da no son los que siguen la tendencia, sino aquellos que saben distinguir qué vale la pena y qué no.
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
#稳定币市场与应用 Tras haber visto el resumen de Ethereum para 2025, tengo que decir una cosa con sinceridad: esta vez no es igual.
¿Recuerdas aquellos años en los que perseguíamos los máximos? Cada vez que surgía un nuevo concepto o aplicación, todos nos lanzábamos a seguir la tendencia, y al final nos cortaban las ganancias una y otra vez. Lo mismo pasa con las stablecoins: ¿cuántos proyectos han recaudado dinero usando el nombre de stablecoin? Pero ahora los datos están aquí: más de 3000 mil millones de dólares en suministro, 46 billones de dólares en volumen de transacciones anuales. Esto ya es una infraestructura financiera real, no solo fichas de juego.
Lo que más me alerta es precisamente esta prosperidad: Ethereum ha pasado de ser una red de prueba a convertirse en infraestructura global, con gigantes financieros tradicionales como JPMorgan y BlackRock entrando en escena. En ese momento, soy aún más cauteloso. ¿Por qué? Porque la entrada de instituciones significa una mayor diferenciación en el ecosistema. Cada vez habrá más pequeños proyectos de moda y trampas de minería que se disfrazan de Layer2.
El desarrollo de las stablecoins también lo demuestra: la seguridad y la conformidad se han convertido en la narrativa principal. Esto es algo positivo, pero también significa que hay que tener cuidado con los productos de préstamos de stablecoins que prometen "alto rendimiento" y "sin riesgo". Cuanto mayor sea el rendimiento, más hay que preguntarse por qué. Si no puedes justificarlo, mejor no tocarlo.
Después de tantas ciclos, he aprendido una cosa: la madurez de la infraestructura es una señal a largo plazo, pero los riesgos a corto plazo suelen esconderse en los detalles de la prosperidad. Los que llevan mucho tiempo en la cadena saben que lo que más dinero da no son los que siguen la tendencia, sino aquellos que saben distinguir qué vale la pena y qué no.