¿por qué una persona puede caminar hacia la muerte con tranquilidad? La decisión y el legado de Rizal

Amanecer a finales de diciembre, José Rizal(José Rizal) caminó hacia el patíbulo con una calma inusual. Esto no es solo la historia de un mártir, sino también una lección sobre la tensión eterna entre la fe, los ideales y la compromiso. En un punto de inflexión en la historia de Filipinas, la elección de este héroe nacional reescribió el destino de una nación.

La oportunidad de redención rechazada

La muerte de Rizal no fue un destino predeterminado, sino una decisión meditada. En los meses previos a su ejecución, el Katipunan planeó rescatarlo desde su exilio en Dapitan. Más aún, el líder revolucionario Andrés Bonifacio(Andres Bonifacio) incluso lo invitó personalmente a liderar la insurrección. Pero Rizal rechazó.

La lógica detrás de este rechazo suena demasiado fría: creía que los filipinos aún no estaban preparados para una insurrección armada total, y que actuar precipitadamente solo traería derramamiento de sangre innecesario. Esa evaluación puede ser correcta, o no. Pero lo más importante es que la vida y las obras de Rizal ya habían sembrado las semillas del pensamiento para esta revolución—quizá más que nadie, entendía que el sacrificio de un individuo puede ser más poderoso que un ejército armado.

El dilema del reformista y el revolucionario

Rizal y el Katipunan tomaron caminos diferentes, pero apuntaban a un mismo objetivo. Rizal buscaba reformas, el Katipunan buscaba revolución. Esta divergencia alcanzó su punto máximo el 15 de diciembre de 1896—en una declaración pública, Rizal condenó la insurrección, afirmando que ese movimiento “nos avergüenza como filipinos”, e incluso expresó “simpatía desde el fondo del corazón por aquellos engañados que participaron sin saber”.

Pero irónicamente, fue precisamente la vida y las obras de Rizal—sus denuncias contra la opresión, su iluminación del espíritu nacional—las que inspiraron esa revolución que él públicamente rechazaba. El historiador Renato Constantino observó la paradoja: la campaña propagandística de Rizal no acercó a los filipinos a España, sino que sembró las semillas de la separación. Una persona que quería mejorar el dominio español, inadvertidamente, creó la base ideológica del movimiento independentista.

El costo de la convicción: de la ilusión de asimilación a la lucidez

Para entender por qué Rizal eligió morir en lugar de escapar, hay que retroceder en su pensamiento. Durante mucho tiempo, Rizal creyó que la asimilación con España no solo era posible, sino deseable. Admiraba el arte, la cultura y el espíritu de libertad europeo. Pero la realidad deshizo ese sueño una y otra vez.

En la disputa por la tierra en Calamba, su familia tuvo conflictos con monjes dominicos. Ese evento fue un punto de inflexión. En 1887, en una carta a Blumentritt, Rizal escribió con franqueza: “Los filipinos han esperado durante mucho tiempo ser españoles, pero esa esperanza es errónea.” La ilusión de la asimilación se rompió.

Constantino describe a Rizal como un “filipino limitado”—un intelectual atrapado en su propia identidad de clase. Ama a su patria, pero “a su manera ilustrada”. Esa limitación, en realidad, se convirtió en su fortaleza: Rizal no fue un radical destructor, sino un crítico del sistema. Sus denuncias eran más fáciles de aceptar y más difíciles de refutar.

Cómo la lucidez de una persona cambió un país

El 30 de diciembre de 1896, cuando España apretó el gatillo en el actual Parque Luneta, el cuerpo de Rizal cayó, pero surgió algo más grande que él. Su ejecución fortaleció el deseo de independencia del pueblo, unificó movimientos dispersos y dio una claridad moral a la revolución.

Según el historiador Ambeth Ocampo, el pulso de Rizal aún latía con normalidad antes de su ejecución. Una persona tranquila y pacífica, que caminó hacia la muerte con deliberación por sus convicciones. Ocampo lo llama un “héroe consciente”—cada paso fue meditado, plenamente consciente de las consecuencias.

En una carta de 1896, Rizal explicó por qué no intentó salvarse: “Quiero mostrar a aquellos que niegan nuestro patriotismo que sabemos cómo morir por nuestra responsabilidad y nuestros ideales.” No fue un mártir ciego, sino una evaluación fría del poder del sacrificio.

¿Y si no hubiera estado Rizal?

Es una cuestión contrafactual interesante: ¿hubiera ocurrido la insurrección sin Rizal? La respuesta puede ser que sí, pero sería más dispersa, menos coherente y carecería de un respaldo espiritual. El legado de Rizal no reside en sus acciones, sino en su pensamiento—su vida y obra proporcionaron un marco de conocimiento para la conciencia nacional.

Constantino señala en La veneración sin comprensión que la intención inicial de Rizal era elevar a los filipinos al nivel de los españoles, para que el país pudiera ser asimilado. Pero la historia tiene su propia lógica: sus esfuerzos, en cambio, se convirtieron en su opuesto—una corriente de separatismo.

Un héroe moldeado por Estados Unidos

En la actualidad, Rizal suele ser retratado como un héroe sagrado, financiado por Estados Unidos. Esto no es casualidad. Los colonizadores estadounidenses prefirieron a Rizal, porque era más moderado que Bonifacio y menos obstinado que Mambini. Constantino lo afirma claramente: “Prefieren a un héroe que no vaya en contra de la política colonial estadounidense.”

Pero esta narrativa oficial oculta lo más valioso de Rizal—su autenticidad. Rizal no necesitaba el título de héroe nacional para mantenerse firme. Lo verdaderamente importante era humanizarlo, no santificarlo.

El legado de Rizal y su significado contemporáneo

Constantino propone una idea radical: que Rizal quede en el pasado. Pero esa “obsolescencia” presupone que la corrupción y la injusticia hayan desaparecido. Mientras esas plagas persistan, el ejemplo de Rizal seguirá siendo relevante—porque cada una de sus decisiones surgió de su compromiso con los intereses del país. Cuando los ideales realmente se realicen, ya no necesitaremos un héroe simbólico para inspirar la conciencia.

Pero claramente, el país aún está lejos de esa situación.

El 30 de diciembre no solo conmemora cómo murió Rizal, sino también por qué no intentó salvarse. En una era llena de tentaciones y presiones, mantener la fe y rechazar la traición—esto puede ser la lección más duradera que Rizal nos dejó en su vida y obra. No es una historia de mártires, sino una revelación práctica sobre mantener la lucidez en tiempos difíciles.

La elección de Rizal nos dice: el verdadero héroe no es quien realiza gestos dramáticos, sino quien en momentos de posible compromiso elige mantenerse firme.

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