Una lucha de poder sin precedentes está teniendo lugar en la industria tecnológica.
Se espera que para 2026, el gasto de capital de las cinco principales empresas de servicios en la nube a nivel mundial supere los 602 mil millones de dólares, casi duplicándose en comparación con 2024. De ese monto, tres cuartas partes se destinarán directamente a infraestructura de IA, y la sed de poder de estas gigantes por la capacidad de cómputo ya ha alcanzado un nivel de locura.
La verdad detrás de los números es aún más impactante: la intensidad de capital de empresas líderes como Microsoft y Oracle ha alcanzado entre el 45% y el 57% de sus ingresos, muy por encima del nivel convencional del 10-15% de las empresas tecnológicas tradicionales. ¿Qué significa esto? Que casi todo el dinero ganado se está invirtiendo en infraestructura.
Para cerrar este agujero de gastos, las grandes empresas han comenzado a recortar. La recompra de acciones se redujo drásticamente, cayendo un 35% entre 2022 y 2023, y aún en 2026 no se vislumbran signos claros de recuperación. Con el flujo de caja cada vez más ajustado, solo les queda acudir al mercado de deuda, con un volumen de préstamos que alcanzará los 108 mil millones de dólares en 2025.
Es una apuesta. La apuesta es que la ventaja inicial en infraestructura de IA pueda florecer después de 2027, convirtiéndose en una explosión de beneficios. Pero el problema es que la vida útil de dispositivos como las GPU es solo de 2 a 3 años, y con cada iteración tecnológica, estos activos de alto valor pueden depreciarse en un instante. Es como si en el balance se hubiera enterrado una bomba de tiempo, y nadie sabe cuándo explotará.
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Una lucha de poder sin precedentes está teniendo lugar en la industria tecnológica.
Se espera que para 2026, el gasto de capital de las cinco principales empresas de servicios en la nube a nivel mundial supere los 602 mil millones de dólares, casi duplicándose en comparación con 2024. De ese monto, tres cuartas partes se destinarán directamente a infraestructura de IA, y la sed de poder de estas gigantes por la capacidad de cómputo ya ha alcanzado un nivel de locura.
La verdad detrás de los números es aún más impactante: la intensidad de capital de empresas líderes como Microsoft y Oracle ha alcanzado entre el 45% y el 57% de sus ingresos, muy por encima del nivel convencional del 10-15% de las empresas tecnológicas tradicionales. ¿Qué significa esto? Que casi todo el dinero ganado se está invirtiendo en infraestructura.
Para cerrar este agujero de gastos, las grandes empresas han comenzado a recortar. La recompra de acciones se redujo drásticamente, cayendo un 35% entre 2022 y 2023, y aún en 2026 no se vislumbran signos claros de recuperación. Con el flujo de caja cada vez más ajustado, solo les queda acudir al mercado de deuda, con un volumen de préstamos que alcanzará los 108 mil millones de dólares en 2025.
Es una apuesta. La apuesta es que la ventaja inicial en infraestructura de IA pueda florecer después de 2027, convirtiéndose en una explosión de beneficios. Pero el problema es que la vida útil de dispositivos como las GPU es solo de 2 a 3 años, y con cada iteración tecnológica, estos activos de alto valor pueden depreciarse en un instante. Es como si en el balance se hubiera enterrado una bomba de tiempo, y nadie sabe cuándo explotará.