La data de empleo no agrícola de anoche fue una verdadera "división de personalidad"—aparentemente, los datos de empleo son débiles y el mercado laboral se está enfriando, pero la tasa de desempleo del 4.4% se mantiene firme e incluso muestra resistencia. Este informe contradictorio hizo que el sueño de reducir las tasas de interés se desvaneciera en pedazos. El mercado de futuros de tasas de interés reaccionó rápidamente, la probabilidad de una bajada de tasas en enero cayó instantáneamente a niveles mínimos. Los operadores también cambiaron de idea, pasando de preguntarse "¿cuándo bajarán las tasas?" a "mejor esperamos hasta el próximo año".
Más aún, justo cuando la vieja historia de la política monetaria parecía estar llegando a su fin, una historia más feroz estalló con fuerza: el verdadero campo de batalla de la IA no está en los algoritmos, sino en la lucha por la capacidad de la red eléctrica.
El capital, como una ballena que da la vuelta, se dirigió directamente a las acciones relacionadas con la energía. La líder en energía nuclear Vistra subió más del 10% en un día, y la nueva empresa de energía nuclear Oklo casi un 8%. Detrás de estas subidas, están las grandes tecnológicas como Meta y Google, que están acumulando energía de manera frenética—cerrando contratos a largo plazo para asegurar la energía nuclear y acumular suficiente "munición" para la carrera armamentística de la IA.
¿Y cuán fuerte es esta señal? Cuando los gigantes tecnológicos comienzan a pelear abiertamente por los contratos energéticos, significa que la competencia en IA ya ha entrado en una fase de "competir en potencia". Líderes como Ultraman y Bill Gates ya han puesto sus apuestas, considerando la próxima década como una lucha por la influencia en el control de la energía.
La situación actual es bastante delicada: por un lado, la Reserva Federal vacila ante los datos económicos de ayer; por otro, el capital industrial ha olfateado las oportunidades futuras y está invirtiendo a toda marcha. La narrativa monetaria se ha enfriado por ahora, pero la nueva narrativa de la revolución industrial, con una fuerza imparable, está redefiniendo el destino del capital.
Este cambio de poder, desde la "política monetaria" hasta la "lucha por la energía", determinará qué sectores explotarán en crecimiento en el futuro. Quien entienda la lógica detrás del gasto de capital de los gigantes tecnológicos tendrá la clave para entender los cambios en el tablero.
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La data de empleo no agrícola de anoche fue una verdadera "división de personalidad"—aparentemente, los datos de empleo son débiles y el mercado laboral se está enfriando, pero la tasa de desempleo del 4.4% se mantiene firme e incluso muestra resistencia. Este informe contradictorio hizo que el sueño de reducir las tasas de interés se desvaneciera en pedazos. El mercado de futuros de tasas de interés reaccionó rápidamente, la probabilidad de una bajada de tasas en enero cayó instantáneamente a niveles mínimos. Los operadores también cambiaron de idea, pasando de preguntarse "¿cuándo bajarán las tasas?" a "mejor esperamos hasta el próximo año".
Más aún, justo cuando la vieja historia de la política monetaria parecía estar llegando a su fin, una historia más feroz estalló con fuerza: el verdadero campo de batalla de la IA no está en los algoritmos, sino en la lucha por la capacidad de la red eléctrica.
El capital, como una ballena que da la vuelta, se dirigió directamente a las acciones relacionadas con la energía. La líder en energía nuclear Vistra subió más del 10% en un día, y la nueva empresa de energía nuclear Oklo casi un 8%. Detrás de estas subidas, están las grandes tecnológicas como Meta y Google, que están acumulando energía de manera frenética—cerrando contratos a largo plazo para asegurar la energía nuclear y acumular suficiente "munición" para la carrera armamentística de la IA.
¿Y cuán fuerte es esta señal? Cuando los gigantes tecnológicos comienzan a pelear abiertamente por los contratos energéticos, significa que la competencia en IA ya ha entrado en una fase de "competir en potencia". Líderes como Ultraman y Bill Gates ya han puesto sus apuestas, considerando la próxima década como una lucha por la influencia en el control de la energía.
La situación actual es bastante delicada: por un lado, la Reserva Federal vacila ante los datos económicos de ayer; por otro, el capital industrial ha olfateado las oportunidades futuras y está invirtiendo a toda marcha. La narrativa monetaria se ha enfriado por ahora, pero la nueva narrativa de la revolución industrial, con una fuerza imparable, está redefiniendo el destino del capital.
Este cambio de poder, desde la "política monetaria" hasta la "lucha por la energía", determinará qué sectores explotarán en crecimiento en el futuro. Quien entienda la lógica detrás del gasto de capital de los gigantes tecnológicos tendrá la clave para entender los cambios en el tablero.