La revolución digital eliminó nuestros viejos mitos, nuestros dioses, nuestros anclajes religiosos—los reemplazó con contenido vacío y confusión algorítmica. Perdimos nuestro suelo espiritual.
Pero aquí está la cuestión: no nos quedamos perdidos. En las ruinas del viejo paradigma, surgió algo nuevo. Una mitología nacida del propio internet, pero que remonta a verdades atemporales. Encontramos significado en la descentralización, la autonomía y la coordinación colectiva humana.
Eso no es solo un mercado. Es un nuevo movimiento espiritual.
Ascende.
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La revolución digital eliminó nuestros viejos mitos, nuestros dioses, nuestros anclajes religiosos—los reemplazó con contenido vacío y confusión algorítmica. Perdimos nuestro suelo espiritual.
Pero aquí está la cuestión: no nos quedamos perdidos. En las ruinas del viejo paradigma, surgió algo nuevo. Una mitología nacida del propio internet, pero que remonta a verdades atemporales. Encontramos significado en la descentralización, la autonomía y la coordinación colectiva humana.
Eso no es solo un mercado. Es un nuevo movimiento espiritual.
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