El ambicioso plan de Musk para transformar X es evidente. Desde la visión grandiosa de lanzar una aplicación universal tras la adquisición, hasta la incorporación progresiva de servicios de comunicación encriptada y pagos, y ahora la próxima función de seguimiento de precios de criptomonedas, X está construyendo paso a paso la infraestructura para que los usuarios puedan comerciar directamente activos digitales. Actualmente, ya cuenta con licencias de transmisión de dinero en 25 estados de EE. UU., y en apariencia, el rompecabezas de la conformidad parece estar completándose gradualmente.
Imagina que, mientras los 7 mil millones de usuarios navegan por su feed, puedan comprar y vender criptomonedas de manera sencilla: ¿qué tipo de oportunidad de impacto sísmico representaría esto para todo el mercado de activos digitales? La adopción masiva ya no es un sueño lejano; es muy probable que el panorama del mercado cambie radicalmente.
Pero aquí hay una paradoja fatal. La esencia de las plataformas sociales es ser abiertas, convenientes y de bajo umbral; los usuarios pueden registrarse con cualquier correo electrónico, y no necesitan verificar su identidad para publicar. Es esa naturaleza salvaje la que ha atraído a cientos de millones de usuarios activos. Sin embargo, en el mundo de la criptografía, la conformidad es exactamente lo opuesto: KYC y verificación de identidad no son opcionales, sino requisitos obligatorios que no se pueden evitar. Una plataforma que intente satisfacer ambas necesidades enfrenta una contradicción interna casi insuperable. ¿Cómo mantener la apertura de la plataforma mientras se implementan las estrictas regulaciones de cumplimiento en las transacciones encriptadas? Esa es la verdadera prueba.
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El ambicioso plan de Musk para transformar X es evidente. Desde la visión grandiosa de lanzar una aplicación universal tras la adquisición, hasta la incorporación progresiva de servicios de comunicación encriptada y pagos, y ahora la próxima función de seguimiento de precios de criptomonedas, X está construyendo paso a paso la infraestructura para que los usuarios puedan comerciar directamente activos digitales. Actualmente, ya cuenta con licencias de transmisión de dinero en 25 estados de EE. UU., y en apariencia, el rompecabezas de la conformidad parece estar completándose gradualmente.
Imagina que, mientras los 7 mil millones de usuarios navegan por su feed, puedan comprar y vender criptomonedas de manera sencilla: ¿qué tipo de oportunidad de impacto sísmico representaría esto para todo el mercado de activos digitales? La adopción masiva ya no es un sueño lejano; es muy probable que el panorama del mercado cambie radicalmente.
Pero aquí hay una paradoja fatal. La esencia de las plataformas sociales es ser abiertas, convenientes y de bajo umbral; los usuarios pueden registrarse con cualquier correo electrónico, y no necesitan verificar su identidad para publicar. Es esa naturaleza salvaje la que ha atraído a cientos de millones de usuarios activos. Sin embargo, en el mundo de la criptografía, la conformidad es exactamente lo opuesto: KYC y verificación de identidad no son opcionales, sino requisitos obligatorios que no se pueden evitar. Una plataforma que intente satisfacer ambas necesidades enfrenta una contradicción interna casi insuperable. ¿Cómo mantener la apertura de la plataforma mientras se implementan las estrictas regulaciones de cumplimiento en las transacciones encriptadas? Esa es la verdadera prueba.