Lo que debía ser un “Uptober” memorable se convirtió en un capítulo oscuro de la historia de las criptomonedas. Entre el 5 y el 7 de octubre de 2025, Bitcoin alcanzó picos extraordinarios entre los 124.000 y los 126.000 dólares, consolidando años de tendencia alcista. Sin embargo, en menos de un mes, la dinámica sinónimo de carrera al alza se invirtió radicalmente. Para finales de noviembre, el mercado había borrado aproximadamente un tercio del valor acumulado y más de 1 billón de dólares en capitalización total. Hoy, en enero de 2026, BTC oscila alrededor de los 91.220 dólares, quedando casi un 28% por debajo de esos máximos.
El evento del fin de semana negro: cómo 24 horas sacudieron los mercados
El verdadero punto de quiebre se manifestó en el fin de semana entre el 10 y el 12 de octubre. En un período de tiempo muy corto, Bitcoin cayó por debajo de los 105.000 dólares. Ethereum sufrió una caída del 11-12%, mientras que las altcoins registraron descensos entre el 40 y el 70%, con algunos activos menos líquidos que rozaron un colapso total en caídas relámpago.
No se trató de una simple corrección de mercado. El evento representa más bien un episodio brutal de liquidación forzada que expuso todas las fragilidades estructurales subyacentes a un sistema aún demasiado dependiente del apalancamiento. En menos de 24 horas, liquidaciones automáticas afectaron posiciones apalancadas por un volumen entre 17 y 19 mil millones de dólares, arrastrando consigo a unos 1,6 millones de traders en todo el mundo.
La chispa política y la polvorera subyacente
El elemento catalizador inmediato fue externo al mundo de las criptomonedas: el anuncio sorpresivo de aranceles de hasta el 100% en las importaciones chinas por parte de la administración Trump desencadenó una ola de aversión al riesgo en los mercados globales. Las criptomonedas, activos notoriamente sensibles a cambios de sentimiento, se encontraron en primera línea.
Sin embargo, atribuir toda la caída a una sola noticia sería reductivo. Esa comunicación fue solo la chispa; la carga explosiva ya llevaba meses en posición.
El mercado estaba descontando una tensión sin resolver: por un lado, una narrativa de superciclo alcista construida sobre la perspectiva de un “dinero fácil” de la Reserva Federal, por otro, señales macroeconómicas contradictorias y comunicaciones prudentes por parte de las autoridades. En medio de este equilibrio precario, el uso masivo del apalancamiento había hecho que todo el ecosistema fuera extremadamente vulnerable.
Un segundo elemento, a menudo subestimado, es de naturaleza psicológica. Durante meses, el discurso dominante giraba en torno a Bitcoin por encima de los 150.000 dólares y capitalizaciones crypto de 5-10 billones. Muchos traders estaban convencidos de la inevitabilidad de ese camino, reduciendo la incertidumbre solo al momento oportuno. Cuando los precios contradecieron esas expectativas, la brecha entre “narrativa” y “realidad” se convirtió en pánico generalizado, alimentado principalmente por quienes habían acumulado posiciones en fase de máxima euforia.
Los escenarios para el final de 2025 y más allá
Analizando las perspectivas para las semanas siguientes, es más útil hablar de escenarios probabilísticos que de previsiones definitivas.
Escenario alcista moderado: El mercado va asumiendo gradualmente el shock mediante un lento retorno a la acumulación por parte de los tenedores a largo plazo. Estrategias de reequilibrio aumentan la exposición en Bitcoin y las grandes capitalizaciones en detrimento de las altcoins más especulativas.
Escenario lateral: El mercado deja de precipitarse pero le cuesta subir. Es la fase en la que los traders a corto plazo sufren más, entre señales falsas y volatilidad intradía sin una verdadera dirección a medio plazo.
Escenario bajista: Una nueva fase de caída vería a Bitcoin probar con más convicción la zona entre los 70.000 y los 80.000 dólares, mientras que el sector de las altcoins permanecería deprimido y sin catalizadores positivos en el corto plazo.
La realidad suele moverse según una combinación dinámica de estos escenarios, con recuperaciones parciales alternadas a fases de congestión, todo condicionado por los movimientos de la Fed, del BCE y por desarrollos geopolíticos.
Lo que enseñan los datos históricos: la estacionalidad de fin de año
Del análisis de la estacionalidad mensual de Bitcoin desde 2017 hasta 2024, surge que el período final del año tiende a ser históricamente favorable, aunque con una volatilidad significativa. Observando los años individuales, se nota la alternancia entre trimestres concluyentes caracterizados por fuertes rallies y otros marcados por caídas notables. La anomalía de octubre de 2025 rompe con la norma estadística, haciendo que las próximas semanas sean aún más inciertas desde el punto de vista predictivo.
El nuevo papel de los capitales institucionales
En comparación con ciclos anteriores, esta fase presenta un elemento estructural diferente: la presencia consolidada de capital institucional. Los fondos que en 2021-2022 abordaban las criptomonedas casi exclusivamente desde una perspectiva especulativa ahora las integran en estrategias macro más amplias de diversificación.
Aunque la caída de octubre fue severa, las señales provenientes de los principales desks sugieren reequilibrios tácticos más que salidas definitivas del activo. Sin embargo, el incidente ha llamado la atención de los reguladores. Las autoridades ya comprometidas con marcos regulatorios para ETF spot y stablecoins ven lo ocurrido como una confirmación de que la regulación ya no es una cuestión de “si” sino de “cómo”, preservando al mismo tiempo la innovación. Surgen propuestas para mayor transparencia en el uso del apalancamiento, requisitos de gestión del riesgo más estrictos para los exchanges y estándares de reporte uniformes.
Qué aprender de octubre de 2025
El colapso de octubre no representa un simple capítulo de la volatilidad habitual de las crypto. Por escala, orígenes e implicaciones, constituye una prueba crucial de la madurez del sector. Ha demostrado cómo un shock político puede propagarse en minutos a través de un ecosistema globalizado y altamente interconectado, aún dominado por dinámicas agresivas de apalancamiento.
Al mismo tiempo, ha confirmado que el mercado mantiene liquidez y operatividad incluso bajo presión extrema, y que la presencia de actores institucionales tiende a mitigar el enfoque de “todo o nada” del pasado, sustituyéndolo por procesos de reequilibrio más graduales.
Para quienes invierten en este espacio, la prioridad no es predecir el precio exacto de Bitcoin a fin de año, sino comprender la naturaleza de la fase en curso. Existe un riesgo concreto de nuevos shocks alimentados por la incertidumbre macro y geopolítica. Al mismo tiempo, la caída ha acelerado la selección natural entre proyectos sólidos y pura especulación, una diferenciación que el mercado venía postergando desde hace tiempo.
Las criptomonedas siguen siendo activos de altísimo riesgo donde el apalancamiento debe gestionarse con extrema prudencia, especialmente cuando el contexto macroeconómico es complejo. La volatilidad no es una excepción, sino una característica estructural del ciclo crypto. Quien decida mantener exposición debe hacerlo con horizontes temporales claros, disciplina rigurosa en el control del riesgo y conciencia de que momentos como octubre de 2025 no son anomalías, sino componentes intrínsecos de este mercado.
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El colapso de Bitcoin en octubre de 2025: cuando una noticia se convierte en avalancha
Lo que debía ser un “Uptober” memorable se convirtió en un capítulo oscuro de la historia de las criptomonedas. Entre el 5 y el 7 de octubre de 2025, Bitcoin alcanzó picos extraordinarios entre los 124.000 y los 126.000 dólares, consolidando años de tendencia alcista. Sin embargo, en menos de un mes, la dinámica sinónimo de carrera al alza se invirtió radicalmente. Para finales de noviembre, el mercado había borrado aproximadamente un tercio del valor acumulado y más de 1 billón de dólares en capitalización total. Hoy, en enero de 2026, BTC oscila alrededor de los 91.220 dólares, quedando casi un 28% por debajo de esos máximos.
El evento del fin de semana negro: cómo 24 horas sacudieron los mercados
El verdadero punto de quiebre se manifestó en el fin de semana entre el 10 y el 12 de octubre. En un período de tiempo muy corto, Bitcoin cayó por debajo de los 105.000 dólares. Ethereum sufrió una caída del 11-12%, mientras que las altcoins registraron descensos entre el 40 y el 70%, con algunos activos menos líquidos que rozaron un colapso total en caídas relámpago.
No se trató de una simple corrección de mercado. El evento representa más bien un episodio brutal de liquidación forzada que expuso todas las fragilidades estructurales subyacentes a un sistema aún demasiado dependiente del apalancamiento. En menos de 24 horas, liquidaciones automáticas afectaron posiciones apalancadas por un volumen entre 17 y 19 mil millones de dólares, arrastrando consigo a unos 1,6 millones de traders en todo el mundo.
La chispa política y la polvorera subyacente
El elemento catalizador inmediato fue externo al mundo de las criptomonedas: el anuncio sorpresivo de aranceles de hasta el 100% en las importaciones chinas por parte de la administración Trump desencadenó una ola de aversión al riesgo en los mercados globales. Las criptomonedas, activos notoriamente sensibles a cambios de sentimiento, se encontraron en primera línea.
Sin embargo, atribuir toda la caída a una sola noticia sería reductivo. Esa comunicación fue solo la chispa; la carga explosiva ya llevaba meses en posición.
El mercado estaba descontando una tensión sin resolver: por un lado, una narrativa de superciclo alcista construida sobre la perspectiva de un “dinero fácil” de la Reserva Federal, por otro, señales macroeconómicas contradictorias y comunicaciones prudentes por parte de las autoridades. En medio de este equilibrio precario, el uso masivo del apalancamiento había hecho que todo el ecosistema fuera extremadamente vulnerable.
Un segundo elemento, a menudo subestimado, es de naturaleza psicológica. Durante meses, el discurso dominante giraba en torno a Bitcoin por encima de los 150.000 dólares y capitalizaciones crypto de 5-10 billones. Muchos traders estaban convencidos de la inevitabilidad de ese camino, reduciendo la incertidumbre solo al momento oportuno. Cuando los precios contradecieron esas expectativas, la brecha entre “narrativa” y “realidad” se convirtió en pánico generalizado, alimentado principalmente por quienes habían acumulado posiciones en fase de máxima euforia.
Los escenarios para el final de 2025 y más allá
Analizando las perspectivas para las semanas siguientes, es más útil hablar de escenarios probabilísticos que de previsiones definitivas.
Escenario alcista moderado: El mercado va asumiendo gradualmente el shock mediante un lento retorno a la acumulación por parte de los tenedores a largo plazo. Estrategias de reequilibrio aumentan la exposición en Bitcoin y las grandes capitalizaciones en detrimento de las altcoins más especulativas.
Escenario lateral: El mercado deja de precipitarse pero le cuesta subir. Es la fase en la que los traders a corto plazo sufren más, entre señales falsas y volatilidad intradía sin una verdadera dirección a medio plazo.
Escenario bajista: Una nueva fase de caída vería a Bitcoin probar con más convicción la zona entre los 70.000 y los 80.000 dólares, mientras que el sector de las altcoins permanecería deprimido y sin catalizadores positivos en el corto plazo.
La realidad suele moverse según una combinación dinámica de estos escenarios, con recuperaciones parciales alternadas a fases de congestión, todo condicionado por los movimientos de la Fed, del BCE y por desarrollos geopolíticos.
Lo que enseñan los datos históricos: la estacionalidad de fin de año
Del análisis de la estacionalidad mensual de Bitcoin desde 2017 hasta 2024, surge que el período final del año tiende a ser históricamente favorable, aunque con una volatilidad significativa. Observando los años individuales, se nota la alternancia entre trimestres concluyentes caracterizados por fuertes rallies y otros marcados por caídas notables. La anomalía de octubre de 2025 rompe con la norma estadística, haciendo que las próximas semanas sean aún más inciertas desde el punto de vista predictivo.
El nuevo papel de los capitales institucionales
En comparación con ciclos anteriores, esta fase presenta un elemento estructural diferente: la presencia consolidada de capital institucional. Los fondos que en 2021-2022 abordaban las criptomonedas casi exclusivamente desde una perspectiva especulativa ahora las integran en estrategias macro más amplias de diversificación.
Aunque la caída de octubre fue severa, las señales provenientes de los principales desks sugieren reequilibrios tácticos más que salidas definitivas del activo. Sin embargo, el incidente ha llamado la atención de los reguladores. Las autoridades ya comprometidas con marcos regulatorios para ETF spot y stablecoins ven lo ocurrido como una confirmación de que la regulación ya no es una cuestión de “si” sino de “cómo”, preservando al mismo tiempo la innovación. Surgen propuestas para mayor transparencia en el uso del apalancamiento, requisitos de gestión del riesgo más estrictos para los exchanges y estándares de reporte uniformes.
Qué aprender de octubre de 2025
El colapso de octubre no representa un simple capítulo de la volatilidad habitual de las crypto. Por escala, orígenes e implicaciones, constituye una prueba crucial de la madurez del sector. Ha demostrado cómo un shock político puede propagarse en minutos a través de un ecosistema globalizado y altamente interconectado, aún dominado por dinámicas agresivas de apalancamiento.
Al mismo tiempo, ha confirmado que el mercado mantiene liquidez y operatividad incluso bajo presión extrema, y que la presencia de actores institucionales tiende a mitigar el enfoque de “todo o nada” del pasado, sustituyéndolo por procesos de reequilibrio más graduales.
Para quienes invierten en este espacio, la prioridad no es predecir el precio exacto de Bitcoin a fin de año, sino comprender la naturaleza de la fase en curso. Existe un riesgo concreto de nuevos shocks alimentados por la incertidumbre macro y geopolítica. Al mismo tiempo, la caída ha acelerado la selección natural entre proyectos sólidos y pura especulación, una diferenciación que el mercado venía postergando desde hace tiempo.
Las criptomonedas siguen siendo activos de altísimo riesgo donde el apalancamiento debe gestionarse con extrema prudencia, especialmente cuando el contexto macroeconómico es complejo. La volatilidad no es una excepción, sino una característica estructural del ciclo crypto. Quien decida mantener exposición debe hacerlo con horizontes temporales claros, disciplina rigurosa en el control del riesgo y conciencia de que momentos como octubre de 2025 no son anomalías, sino componentes intrínsecos de este mercado.