4 criptomonedas de privacidad para estar atento: cómo funcionan y por qué se dispararon

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Fuente: PortaldoBitcoin Título original: 4 criptomonedas de privacidad para estar atento: cómo funcionan y por qué se dispararon Enlace original: Las criptomonedas de privacidad han vuelto con fuerza al centro del radar desde finales de 2025, impulsadas por una narrativa que combina “protección” contra el rastreo on-chain, búsqueda de activos descorrelacionados del Bitcoin e incluso desencadenantes puntuales que impactaron activos específicos de este nicho.

El movimiento continuó en las primeras semanas de 2026, cuando monedas como Monero (XMR) y Dash (DASH) lograron subir incluso en días de caída del Bitcoin y mercado cripto en negativo. Para que te hagas una idea, ambas están entre las 10 criptomonedas que más han subido en lo que va del año: +72% para Dash y +21% para Monero.

Detrás del aumento, hay una combinación de factores que va más allá del “hype”. La discusión sobre privacidad financiera ganó peso con la expansión de herramientas de análisis on-chain y con la consolidación de reglas y prácticas de monitoreo en exchanges, lo que aumenta la demanda de soluciones que oculten (total o parcialmente) remitente, destinatario y valores.

Al mismo tiempo, por ser mercados más pequeños y más sensibles a flujos concentrados, las criptomonedas de privacidad tienden a responder con volatilidad por encima de la media cuando una narrativa vuelve a estar en el centro del escenario, para bien y para mal. Este es el caso de Zcash (ZEC), que llegó a acompañar el movimiento alcista del sector, pero actualmente acumula pérdidas del 30% en 2026 en medio de una crisis interna que llevó a la salida de desarrolladores del proyecto.

Qué son y cómo funcionan las criptomonedas de privacidad

En una blockchain “tradicional”, como la de Bitcoin, las transacciones son públicas: direcciones, valores y la trazabilidad del dinero pueden ser seguidos. Esto siempre fue cierto técnicamente, pero cobró otro peso en los últimos meses con el avance de herramientas de análisis, mayor regulación y aplicación más estricta de reglas de cumplimiento por parte de exchanges y autoridades, lo que elevó la sensación de “vigilancia financiera” en el mercado cripto.

Las criptomonedas de privacidad intentan resolver este punto mediante criptografía. En lugar de dejar explícitos remitente, destinatario y cantidad, usan técnicas para ocultar o barajar estos datos, con diferentes grados de privacidad.

En general, hay dos caminos principales: (1) modelos en los que la privacidad es predeterminada y la red “oculta todo” (caso más asociado a Monero) y (2) modelos en los que la privacidad es opcional, con transacciones “transparentes” y “blindadas” coexistiendo en el mismo ecosistema (como en Dash).

Conoce cuatro de las principales criptomonedas de privacidad del mercado

Monero (XMR)

Monero es el “símbolo” de las monedas de privacidad no solo por ser la más grande, sino también porque busca ocultar, por defecto, los tres elementos más sensibles de una transferencia: quién envía, quién recibe y cuánto fue enviado.

Para ello, combina técnicas como direcciones furtivas (endereços únicos por pago, que dificultan vincular recibos a una cartera pública) y firmas en anillo (firmas en anillo, que mezclan al posible “firmante real” con otros participantes para confundir el origen).

En la práctica, la propuesta es que un observador externo incluso vea que hubo una transacción válida, pero tenga mucho más difícil reconstruir “quién pagó a quién” y el valor involucrado. Este diseño también explica por qué el XMR suele volver al debate cuando crece la preocupación por rastreabilidad y, recientemente, fue mencionado como destino en conversiones que involucran fondos robados, un tipo de episodio que puede inflar volumen en un mercado menor y acelerar movimientos de precio.

Zcash (ZEC)

Zcash usa zk-SNARKs (pruebas de conocimiento cero) para permitir que alguien demuestre que una transacción es válida sin revelar la información sensible. En otras palabras: la red puede verificar las reglas (como saldo suficiente y ausencia de doble gasto) sin necesidad de exponer públicamente todos los detalles.

Un punto clave es que el ZEC puede circular en “capas” diferentes: transacciones pueden ser transparentes (similares a Bitcoin) o realizarse en pools blindados (“shielded”), donde los datos permanecen protegidos. Esto da flexibilidad, pero también crea un desafío, ya que si la mayor parte del uso se mantiene en modo transparente, en la práctica el activo no es necesariamente privado.

Al final, Zcash tiende a aparecer como la cara más institucional del tema, privacidad mediante criptografía avanzada, pero con opción de transparencia cuando sea necesario.

Dash (DASH)

Dash fue creada para funcionar como “dinero digital”, permitiendo enviar y recibir valores por internet sin depender de bancos. Como en otras criptomonedas, las transacciones quedan registradas en una blockchain pública, pero en su caso existe una capa de recursos avanzados que puede incluir privacidad opcional, activada solo si el usuario desea.

La red está protegida por minería, en un modelo similar al de Bitcoin, en el que computadoras compiten para validar bloques y reciben recompensas en DASH. La diferencia está en la segunda capa formada por los masternodes, servidores que deben mantener 1.000 DASH como garantía y que permanecen en línea continuamente para ejecutar funciones extras, como InstantSend, que busca acelerar la confirmación de pagos y mejorar la experiencia de uso diario.

La privacidad proviene de PrivateSend, también asociado a los masternodes, y funciona mediante un mecanismo de “mezcla” inspirado en CoinJoin: la cartera fragmenta los valores y los baraja con los de otros usuarios que también optaron por usar el recurso, dificultando vincular origen y destino al observar el historial público. Por eso, Dash se describe como una criptomoneda con privacidad opcional, que combina esta función con foco en velocidad y usabilidad.

Dusk (DUSK)

Dusk intenta ocupar un espacio diferente dentro del universo de las criptomonedas de privacidad, ya que en lugar de centrarse solo en pagos anónimos, el proyecto se posiciona como una blockchain orientada a aplicaciones financieras que necesitan confidencialidad, como emisión y negociación de activos, instrumentos de crédito y flujos corporativos, sin renunciar a cierto grado de control y cumplimiento.

En otras palabras, la promesa es permitir que datos sensibles (saldos, valores y condiciones) queden ocultos en la capa pública, al mismo tiempo que el sistema aún puede demostrar que las transacciones son válidas.

En la práctica, esto suele manifestarse como “privacidad programable”, en la que la red busca ofrecer herramientas para que los desarrolladores construyan aplicaciones en las que cierta información quede protegida por criptografía (frecuentemente con pruebas de conocimiento cero), pero pueda ser revelada bajo demanda a partes autorizadas, como en casos de auditoría, informes o cumplimiento de reglas.

Es un intento de resolver el dilema clásico de los mercados regulados: empresas e inversores quieren transaccionar sin exponer toda su vida financiera públicamente, pero el ecosistema necesita mantener mecanismos para prevenir fraudes, comprobar propiedad y, cuando sea necesario, rendir cuentas.

El momento de las criptos de privacidad

El “momento” de las monedas de privacidad combina tres fuerzas. La primera es estructural: con más rastreo y mayores exigencias, crece la demanda por alguna forma de privacidad, no siempre por ideología, sino como “gestión de riesgo” y protección de datos financieros.

La segunda es de mercado: en periodos de incertidumbre y liquidaciones, los inversores buscan narrativas defensivas y activos con menor correlación con el Bitcoin, lo que tiende a favorecer nichos cuando hay flujos concentrados. La tercera es táctica: eventos puntuales (como alertas on-chain involucrando conversiones a XMR) pueden mover volúmenes en mercados relativamente pequeños y amplificar la volatilidad.

La conclusión es que la “regresar” de las criptos de privacidad es real, pero viene con dos capas de atención: volatilidad y riesgo regulatorio/comercial, con deslistados, restricciones y mayor escrutinio en varios países. Para quienes siguen el sector, el tema seguirá siendo relevante porque, a medida que la criptoeconomía madura, la discusión deja de ser “privacidad vs. transparencia” y pasa a ser cómo equilibrar confidencialidad, seguridad y cumplimiento en redes públicas.

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