Si estás próspero, no te olvides de los demás. Esto solía ser nuestro juramento de juventud. Pero en el mundo de los adultos, hay una verdad aún más dolorosa: “Si eres próspero, aléjate.” Si tu riqueza, educación o conocimiento ya superan en uno o dos aspectos a tus amigos de la infancia, asegúrate de controlar el impulso de mantener una relación cercana. Esto no es clasismo, sino una forma de proteger la dignidad final de ambos. 1. La percepción se pliega, la comunicación ha muerto Antes solíamos hablar de las chicas del aula de al lado, ahora quieres hablar de tendencias del sector, asignación de activos, él solo quiere hablar de asuntos familiares, jugar a las cartas y presumir. La diferencia en el nivel de percepción hace que la comunicación sea una paciencia de “compatibilidad hacia abajo”. Tus consejos en su vista son “impartir doctrina”, tu compartir es “presumir”. 2. La naturaleza humana no soporta referencias directas La riqueza repentina de un desconocido genera envidia, pero la contraofensiva de quienes te rodean solo provocará celos. La diferencia en la misma línea de partida es la barrera psicológica más difícil de superar en la naturaleza humana. Dos personas iguales, cuanto más alto vuelas, más reflejarás su estancamiento. Tu existencia en sí misma es una ofensa a su autoestima. 3. La intervención frecuente es cruel No uses tu éxito para desafiar la autoestima del otro, ni des la oportunidad para que broten celos y malicia. Un saludo ocasional es ternura, una intervención frecuente es crueldad. La verdadera lealtad y afecto no consiste en forzar al otro a entrar en tu nuevo círculo para avergonzarlo, sino en controlar tu deseo de compartir, y en silencio bendecir fuera de su mundo. Dejar que ambos permanezcan en los recuerdos más puros es la mayor protección para este amor antiguo.
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Si estás próspero, no te olvides de los demás. Esto solía ser nuestro juramento de juventud. Pero en el mundo de los adultos, hay una verdad aún más dolorosa: “Si eres próspero, aléjate.” Si tu riqueza, educación o conocimiento ya superan en uno o dos aspectos a tus amigos de la infancia, asegúrate de controlar el impulso de mantener una relación cercana. Esto no es clasismo, sino una forma de proteger la dignidad final de ambos. 1. La percepción se pliega, la comunicación ha muerto Antes solíamos hablar de las chicas del aula de al lado, ahora quieres hablar de tendencias del sector, asignación de activos, él solo quiere hablar de asuntos familiares, jugar a las cartas y presumir. La diferencia en el nivel de percepción hace que la comunicación sea una paciencia de “compatibilidad hacia abajo”. Tus consejos en su vista son “impartir doctrina”, tu compartir es “presumir”. 2. La naturaleza humana no soporta referencias directas La riqueza repentina de un desconocido genera envidia, pero la contraofensiva de quienes te rodean solo provocará celos. La diferencia en la misma línea de partida es la barrera psicológica más difícil de superar en la naturaleza humana. Dos personas iguales, cuanto más alto vuelas, más reflejarás su estancamiento. Tu existencia en sí misma es una ofensa a su autoestima. 3. La intervención frecuente es cruel No uses tu éxito para desafiar la autoestima del otro, ni des la oportunidad para que broten celos y malicia. Un saludo ocasional es ternura, una intervención frecuente es crueldad. La verdadera lealtad y afecto no consiste en forzar al otro a entrar en tu nuevo círculo para avergonzarlo, sino en controlar tu deseo de compartir, y en silencio bendecir fuera de su mundo. Dejar que ambos permanezcan en los recuerdos más puros es la mayor protección para este amor antiguo.