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Hermanos Winklevoss: dos decisiones que definieron la trayectoria hacia mil millones de dólares
En octubre de 2003, en un restaurante en Kirkland, en la Universidad de Harvard, ocurrió una escena que con el tiempo se convirtió en un símbolo. Cameron y Tyler Winklevoss, dos gemelos idénticos, presentaron a un joven programador llamado Mark Zuckerberg la idea de una red social exclusiva. Zuckerberg escuchó atentamente, hizo preguntas y parecía interesado. Semanas después, no se reunió con ellos, sino que lanzó Facebook. Esa fue la primera de dos decisiones que definieron el futuro de los hermanos Winklevoss, aunque quizás en ese momento no lo supieran.
Años de aprendizaje: de HTML a la perfección en colaboración
Antes de que los hermanos Winklevoss se hicieran conocidos mundialmente, eran un ejemplo perfecto de gemelos que eran reflejo uno del otro. Nacidos el 21 de agosto de 1981 en Greenwich, Connecticut, como gemelos monocigóticos, con una diferencia importante: Cameron es zurdo y Tyler diestro. Esa simetría perfecta representaba una armonía que permeaba todos los aspectos de sus vidas.
A los trece años aprendieron HTML para crear páginas web para negocios locales. En secundaria y preparatoria fundaron su propia empresa en línea, ofreciendo servicios a quien estuviera dispuesto a pagar. Pero su verdadera pasión era la remo. En entrenamientos en botes de ocho descubrieron una lección de vida: precisión en el timing, coordinación perfecta y reacción inmediata a cambios en las condiciones. Estas habilidades las llevaron a Harvard, donde durante cuatro años compitieron a nivel internacional y sus ambiciones apuntaban a medallas olímpicas.
Facebook: una lección de riesgo y confianza
La historia del conflicto con Facebook fue rápida. En diciembre de 2002, los gemelos idearon HarvardConnection (más tarde ConnectU), una plataforma social para estudiantes de universidades elitistas. Cuando Zuckerberg rechazó colaborar y en su lugar lanzó un proyecto competidor, los hermanos tomaron la primera de dos decisiones cruciales: demandar.
Durante cuatro años, sus abogados trabajaron sin descanso. En 2008, en plena crisis financiera, Facebook les ofreció 65 millones de dólares en efectivo o acciones de una empresa privada que podría quebrar. Tyler Winklevoss miró a su hermano y dijo una sola palabra: «acciones». Casi todos habrían optado por el dinero. Los Winklevoss apostaron a que Facebook tendría éxito.
La decisión resultó ser profética. Cuando Facebook salió a bolsa en 2012, sus 45 millones de dólares en acciones valían cerca de 500 millones de dólares. Aunque perdieron la batalla legal con Zuckerberg, ganaron la guerra financiera.
De Silicon Valley a las criptomonedas
Tras obtener enormes ganancias con su inversión en Facebook, los hermanos intentaron invertir en otras startups del Valle del Silicio. Todos los rechazaron. ¿La razón? Mark Zuckerberg nunca invertiría en empresas relacionadas con Winklevoss. Su dinero se había convertido en una oportunidad envenenada.
Heridos y desconcertados, se fueron a Ibiza. Una noche, en un club, un desconocido llamado David Azar se acercó con un billete de dólar y tres palabras: «Revolución. Esto es bitcoin». En la playa, les explicó la idea de una moneda digital totalmente descentralizada con un límite de 21 millones de monedas. Los hermanos nunca habían oído hablar de criptomonedas. En 2012, casi nadie las tenía.
Pero los graduados en economía de Harvard vieron lo que otros no veían. Bitcoin era oro digital: poseía todas las características que durante siglos daban valor al metal físico, pero sin sus limitaciones. Esa fue la segunda gran decisión: invertir millones en algo que la mayoría consideraba relacionado con traficantes de drogas y anarquistas.
En 2013, mientras Wall Street buscaba respuestas a la pregunta «¿qué es una criptomoneda?», los Winklevoss ya estaban implementando su estrategia. Invirtieron 11 millones de dólares a un precio de 100 dólares por moneda, lo que representaba aproximadamente el 1% de todos los bitcoins en circulación, unos 100,000 BTC.
Sus amigos debieron pensar que estaban locos. Dos olímpicos, graduados de Harvard, jóvenes con posibilidades infinitas, y aun así apostaron grandes fortunas a una tecnología que la mayoría consideraba una burbuja especulativa.
De inversión a construcción de infraestructura
Sin embargo, los Winklevoss no fueron inversores pasivos esperando que subiera su valor. Comenzaron a construir la infraestructura del ecosistema de las criptomonedas. Winklevoss Capital financió un nuevo tipo de economía digital: bolsas de intercambio, infraestructura blockchain, herramientas de almacenamiento, plataformas analíticas y futuros proyectos DeFi y NFT.
Su portafolio abarcaba desde creadores de protocolos (Protocol Labs, Filecoin) hasta empresas de energía para minería de criptomonedas. En 2013, presentaron la primera solicitud ante la SEC para aprobar un ETF basado en Bitcoin. Era casi seguro que fracasarían, pero alguien tenía que dar el primer paso. La SEC rechazó su solicitud dos veces (marzo 2017, julio 2018), citando preocupaciones sobre manipulación del mercado.
Pero en enero de 2024, más de una década después, finalmente se aprobó el primer ETF de Bitcoin. Los marcos regulatorios que comenzaron a construir dieron lugar a un cambio revolucionario en los mercados financieros tradicionales.
Gemini: respuesta al caos del ecosistema
Cuando la infraestructura de las criptomonedas empezó a colapsar en 2014 (la detención de Charlie Shrem de BitInstant, el hackeo de Mt. Gox que perdió 800 mil bitcoins), los hermanos vieron no una amenaza, sino una oportunidad. El ecosistema necesitaba plataformas legales y reguladas.
En 2014 fundaron Gemini, una de las primeras bolsas de criptomonedas registradas en Estados Unidos. En lugar de operar en la zona gris legal como sus competidores, Gemini desde el principio colaboró con las autoridades regulatorias del estado de Nueva York. Los hermanos entendieron una lección clave: para que las criptomonedas se conviertan en una corriente principal, necesitan infraestructura institucional y cumplimiento normativo.
El Departamento de Servicios Financieros de Nueva York otorgó a Gemini la primera licencia de confianza limitada. Para 2021, la bolsa alcanzó una valoración de 7.1 mil millones de dólares, y los hermanos poseen al menos el 75% de sus acciones. Hoy, la plataforma soporta más de 80 criptomonedas y gestiona activos por más de 10 mil millones de dólares.
Camino a la movilización política y expansión
Su compromiso con la regulación fue más allá de los negocios. En 2024, ambos hermanos donaron 1 millón de dólares en Bitcoin a la campaña presidencial de Donald Trump, posicionándose claramente como defensores de una política favorable a las criptomonedas. Criticaron públicamente a la SEC y a su presidente Gary Gensler por su enfoque demasiado agresivo en la regulación.
En febrero de 2025, los Winklevoss se convirtieron en copropietarios del club de fútbol Real Bedford, invirtiendo 4.5 millones de dólares. Junto con el podcaster de criptomonedas Peter McCormack, intentaron llevar al equipo a la Premier League, otro ejemplo de su estrategia de expansión más allá del mundo financiero.
Su contribución a la educación también fue significativa. Su padre, Howard, donó 4 millones de dólares en Bitcoin a Grove City College, la primera donación en criptomonedas a esa universidad. Los propios hermanos aportaron 10 millones de dólares a Greenwich Country Day School, la mayor donación de exalumnos en la historia del colegio.
El valor del bitcoin y el triunfo final
Cuando Bitcoin alcanzó los 20 mil dólares en 2017, la inversión inicial de 11 millones de dólares se convirtió en más de mil millones. Los hermanos se convirtieron en algunos de los primeros multimillonarios en bitcoin confirmados en el mundo. La revista Forbes estima su patrimonio neto en aproximadamente 9 mil millones de dólares, con gran parte proveniente de sus activos en criptomonedas: unos 70,000 bitcoins valorados en 4.48 mil millones, además de participaciones significativas en Ethereum, Filecoin y otros activos digitales.
En junio de 2025, Gemini presentó de manera misteriosa una solicitud de IPO, sugiriendo un próximo paso hacia la integración con los mercados financieros tradicionales.
Dos decisiones que lo cambiaron todo
La historia de los hermanos Winklevoss es como una lección de emprendimiento y visión estratégica. La primera decisión — elegir acciones de Facebook en lugar de efectivo — mostró su fe en el futuro de la tecnología. La segunda — invertir en Bitcoin en 2013 — reveló su capacidad para detectar tendencias que otros rechazaban como locura.
Los Winklevoss nunca vendieron la mayor parte de sus bitcoins, declarando públicamente que incluso si su valor igualara al oro, los mantendrían. Para ellos, Bitcoin no es solo una herramienta de reserva de valor, sino un cambio fundamental en el dinero y las finanzas.
Durante años, se les consideró quienes habían perdido la fiesta. Pero resultó que simplemente llegaron mucho antes a la próxima. Desde aquel traicionero encuentro en Kirkland hasta controlar miles de millones en valor, la historia de los Winklevoss es un recordatorio de que las mayores oportunidades a veces esperan a quienes pueden ver el futuro y luego invertir en él.