El partido terminó, Portugal cayó 0:1 ante España.


Cristiano Ronaldo, de 41 años, dijo antes del partido: «Sin importar el resultado, no tengo ningún arrepentimiento porque he dado todo por el fútbol».
Pero aún así, sus ojos se enrojecieron como hace cuatro años, pero esta vez no se inclinó. En ese momento, de repente entendí: la verdadera despedida de un héroe nunca es caer estrepitosamente, sino mantener la columna erguida, dejando la dignidad para la próxima era. Siempre pensamos que el futuro es largo, pero olvidamos que el tiempo es impredecible.
Veinte años y seis Copas del Mundo, ha ganado, ha perdido, ha sido elevado al pedestal y también señalado por mil dedos, pero nunca ha inclinado la cabeza. Sin embargo, hoy, cuando sus piernas de 41 años ya no pueden alcanzar el viento rugiente, es cuando descubre que el mayor rival de su vida se llama «tiempo».
Gracias, Cristiano.
Perdiste un partido, pero te llevaste la juventud de toda una era. Nuestra juventud, en el momento en que te diste la vuelta, finalmente se completó. Quizás la juventud sin arrepentimientos es la más lamentable.
Adiós, nuestra leyenda del número 7. En tu próximo camino, sigue corriendo con orgullo.
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