Cuando alcanzas cierta altura,


te gusta más ser un observador
que un protagonista.

El vasto mundo que ves
ya no es solo bullicio y prosperidad,
sino que es que todos los seres sufren.

Si aún te empeñas en no despertar,
cada uno es un esclavo del deseo;
vive dentro de las prisiones
que él mismo ha tejido.
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