El oro reciente ha mostrado una tendencia con idas y vueltas constantes, lo que ofrece cierta evidencia de una posible estrategia de gestión de expectativas “a la Maradona” por parte de la Reserva Federal. El oro es uno de los activos más sensibles a los tipos de interés reales; esto quedó patente cuando Powell asumió la Reserva Federal: en cuanto tomó el cargo, encendió rápidamente los precios de futuras subidas de tipos en el mercado. El fuerte aumento en las expectativas de tipos reales ejerció una presión contundente directamente sobre el precio del oro, lo que también desembocó en una caída pronunciada del oro.



La teoría de la tasa “Maradona” se refiere a que, en la pugna macro, el mercado siempre descuenta con antelación lo que el decisor supuestamente va a hacer, en lugar de reaccionar ante los hechos ya ocurridos. La fuente está en que Maradona, en un partido de un Mundial, avanzó casi en línea recta con el balón, pero un defensa de Inglaterra le dejó intencionalmente un espacio, anticipando que se movería o giraría. El entorno macro actual tiene un cierto aire de déjà vu con las medidas del Banco de Inglaterra en 2014: el banco central generó con frecuencia expectativas de subidas de tipos mediante orientación prospectiva, pero tardó mucho en llevarlo a la práctica, lo que provocó que las señales del mercado quedaran extremadamente desalineadas.

Volviendo al panorama en que se encuentra la Reserva Federal hoy, el motivo de esta gestión de expectativas también resulta igual de claro. En lo objetivo, ¿hace falta subir las tasas? Sí. La geopolítica sigue empujando al alza el precio del petróleo, y la presión de transmisión del precio del crudo hacia la inflación existe de manera objetiva; además, tras las explosiones en las refinerías, la reparación de la capacidad requiere tiempo. Pero en lo político, ¿permitirá Trump una subida de tipos? Casi imposible: su línea roja siempre ha sido una preferencia marcada por los tipos bajos.

Por lo tanto, la estrategia Maradona es una vía para romper el punto muerto: usar las expectativas de subidas de tipos para frenar el impulso de las materias primas y el repunte de la inflación, pero en la práctica podría acabar transigiendo bajo la presión política y quedarse de brazos cruzados. Mientras se siga probando una y otra vez y liberando señales, dejando antes que el mercado digiera el impacto del rebote de la inflación, al final —suban las tasas o no— el daño marginal que sufra el comportamiento del mercado se reducirá de forma notable. El dictamen de la decisión de tipos a final de mes lo dirá todo.
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