Acabo de visitar la exposición de oro de Shubei en el museo de patrimonio cultural no material de la caligrafía y las artes.


Ahora ya no consigo apreciar mucho estas piezas de oro y plata. Solo me parecen pesadas, voluminosas, complicadas y grasientas.
Al ver estos adornos de la antigüedad, pienso que “arreglarse según el rango para el gran maquillaje” debe de ser algo extremadamente atormentador: en realidad, sigue siendo una prueba de obediencia.
No siento que sean bonitas; solo las percibo como una cadena. Lo que llevas sobre la cabeza es básicamente como unos vendajes para los pies.
El progreso de la humanidad se refleja en que las cadenas de hoy son más ligeras.
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